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Detroit Pistons: La fórmula del éxito de Van Gundy

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Detroit Pistons: La fórmula del éxito de Van Gundy

El entrenador más parecido a Super Mario de la NBA está replicando en los Pistons su fórmula de éxito que ya plasmó en Orlando. La llegada de Bradley, la explosión de Tobias y la recuperación de Drummond hacen de Detroit un protagonista inesperado.

Temporada 2008-2009. Orlando Magic accedía a la segunda Final de la NBA en su historia tras eliminar a unos poderosos Celtics, campeones la temporada anterior, en 7 partidos y a los Cavs. En la gran final esperaba Kobe, Pau, Bynum, Odom y compañía, pero sobretodo esperaba el premio del que no lo espera. Ahí se solidificó el grupo de los Magic, en no ser vistos, en pasar desapercibidos.

Y eso lo logró Van Gundy, un genio de la discreción cuando toca serlo, más allá de que su peculiar estética pueda dictar lo contrario.

En aquel equipo sobresalían los nombres de Dwight Howard, en la cima de su carrera, Torkoglu, Nelson, Lewis, Pietrus o Lee. Un grupo sin demasiados trajes de luces, con lo roles bien definidos y cohesionados. Van Gundy tuvo en Howard su punto de gravedad, la piedra angular por donde giraba ataque y defensa. Los demás se sostenían a su alrededor aportando en tareas especificas pero básicas, que otorgaban un resultado excelso.

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Esa fórmula exitosa, pero sin premio final en Orlando, la quiso implementar también en Detroit. Con una plantilla algo más descompensada de la que tenía por Florida, Van Gundy se puso manos a la obra, en la pizarra y en los despachos, para intentar aproximarse a la obra que construyó al sur del país.

Ahora cumple su 4ª temporada en la Motown superando las expectativas. En sus tres anteriores campañas, tan solo ha logrado una visita a los Playoffs, donde fueron vapuleados 4-0 por los Cavaliers. A día de hoy marchan 14-6, segundos del Este y sin perder de vista a los Celtics. De hecho ya han sido capaces de ganar en Boston y en Oakland. El único equipo capaz de hacerlo.

Andre Drummond, dominante de nuevo

El pívot de los Pistons ha vuelto a ser ese jugador dominante que aterrizó en Detroit con la etiqueta de ser el nuevo Dwight Howard. Alcanzó su pico máximo de productividad hace dos años, con unos promedios de 16,2 puntos y 14,8 rebotes que le situaban en la élite de la liga. Siempre con los problemas en los tiros libres por delante, eso sí.

La temporada pasada frenó su progresión en seco, es más, dio uno o dos pasos atrás, algo inusual para un jugador joven de su calidad y que tenía todo para escribir su nombre entre los jugadores más dominantes de la década. Recibió criticas de su afición e incluso algunos compañeros le culparon por los malos resultados del equipo. Pero entonces llegó el cambio…

Andre Drummond: ¿Volveremos a ver el tiro a cuchara en la NBA?

El pasado verano, Andre entrenó con un especialista para mejorar no solo sus tiros libres, sino su juego en general y de paso volver a mentalizarse para ser un jugador importante. Lo primero llegó con un evidente cambio físico, perdió hasta 13kg, lo que le ha llevado a ser un pívot mucho más ágil y veloz. Esto ha traído consigo un cambio de confianza, ahora Drummond vuelve a creer en sus posibilidades, sintiéndose mejor que nunca.

Los primeros frutos de este cambio son evidentes: de 38,6% en tiros libres a un 61,8%. Una mejora estratosférica dada más por un tema mental que de práctica. Además, Drummond está promediando sus mejores números en rebotes (15,2) y en asistencias (3,7), aspecto que nunca había ni siquiera explorado.

Está faceta de generador de juego desde el poste bajo y desde el poste alto, es quizá la evolución más significativa del jugador, pues ahora se abre un abanico inmenso de posibilidades para el ataque de Detroit. Teniendo a un pívot dominante en la zona que atrae defensores dentro, siendo capaz de abrir balones a las esquinas para que los tiradores castiguen; o bien atrayendo desde el poste alto para el corte y canasta fácil de algún jugador de perímetro.

Tobias Harris, una explosión ¿definitiva?

Si de la capacidad de Drummond teníamos pocas dudas. Sabíamos que el talento y el físico estaban ahí, quizá solo era un problema de motivación, con Tobias Harris había muchas más incognitas.

Con su 7ª temporada en la NBA en marcha, tercera en Detroit, la carrera de Harris amenazaba gravemente con perderse en el limbo. Un limbo lleno de jugadores que llegan a la liga con vitola de estrellas, que destacan durante un breve período de tiempo, y que se pierden en la inmensa clase media de una liga que devora medianías constantemente.

Conocedor de ello, Tobias tenía ante sí la gran oportunidad para resarcirse de tal encrucijada, y hasta el momento su respuesta es cuanto menos notable: 19,1 puntos por noche (tope personal) con un 47,4% de acierto desde el triple, cuando nunca había superado el 37%.

Esa fiabilidad en el lanzamiento exterior de la que nunca antes había gozado, le ha permitido erigirse como la primera opción ofensiva del equipo. Una fiabilidad que también permite a los Pistons ser el tercer mejor equipo en acierto desde el triple.

El ahora ala-pívot de los Bad Boys versión (pongan el número que quieran) es por fin una amenaza real. Dada su versatilidad que le permite actuar como 4 abierto frente a jugadores más grandes que él, o de alero y explotar su físico, Harris ha encontrado el ecosistema perfecto en el quinteto diseñado por Van Gundy con un backcourt sumamente defensivo y trabajador, que le permiten ser el principal foco de ataque. Quedará por ver si esta explosión es definitiva, o será un chispazo más como los ofrecidos en Orlando.

La capa de invisibilidad de los Pistons

Como comentaba al inicio del texto, una de las grandes virtudes de aquellos Magic que sucumbieron ante los Lakers en 2009, era la de pasar inadvertidos. Como si de repente se colocaran la mágica capa de Harry Potter para que nadie les viera y fueran derrotando rivales con nada más que el silencio por delante.

Con estos Pistons pasa algo parecido, nadie habla de ellos. Una señal inequívoca para Van Gundy de que las cosas marchan bien. Su banquillo, sin solera alguna, está formado por Ish Smith, Anthony Tolliver, Langston Galloway, Jon Leuer o el novato Luke Kennard. Por nombres podríamos decir que su importancia comparado con otros banquillos de la liga es baja, es más, viendo los minutos que disputan cualquiera de ellos, se puede pensar que tampoco gozan de gran protagonismo. El jugador con más minutos es Smith con 19,7 por encuentro. Sin embargo, este banquillo conforma el mejor de toda la NBA en defensa, y además hasta 4 jugadores suplentes superan el 35% de acierto en triple.

Reggie Jackson, Avery Bradley y Stanley Johnson, son los otros integrantes del quinteto titular, que aunque no se mencionen en estas líneas tienen una importancia altísima. Aunque son el perfil de jugador trabajador, silencioso y sacrificado que da forma al éxito de Van Gundy. 

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Estudiante de Periodismo Deportivo. Editor de SweetHoops.com. Puedes escucharme en Banana Boat Podcast.

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