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Crónica negra de la NBA: Eddie Johnson Jr.

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Crónica negra de la NBA: Eddie Johnson Jr.

La historia del baloncesto no solo se escribe en las páginas doradas que hablan de grandes gestas, jugadores legendarios y dinastías irrepetibles. En un estante olvidado, tras las tapas de una carpeta polvorienta se puede leer la crónica negra de la NBA.

La vasta historia de la NBA nos ha dejado infinidad de crónicas, en su mayoría relacionadas con grandes jugadores, equipos que marcan época o actuaciones memorables que se asientan y perduran en la memoria del buen aficionado al baloncesto. Pero, como la vida misma, la NBA también alberga una cara menos amable, donde surgen historias que poco tienen que ver con la épica o las grandes hazañas deportivas.  Son relatos cargados de ignominia, casi olvidados a fuerza de no hablar de ellos. Crónica negra sobre delincuencia, asesinatos y otros hechos infames que llevaron a cabo jugadores o ex jugadores NBA, en algunos casos incluso estrellas de renombre, y por los que terminaron dando con sus huesos en la cárcel.

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Vamos a repasar a modo de serial los casos más significativos de esta crónica negra de la NBA. Vaya por delante que no se trata del recurrente ranking de jugadores que han tenido “problemillas” con la justicia, aquello del “Driving Under Influence” por el que han pasado centenares de jugadores.  Hablamos de incidentes realmente espinosos, con final dramático en muchos casos y consecuencias graves. Así que, los especialmente aprensivos prepárense para la lectura de algún que otro episodio áspero capaz de herir susceptibilidades. Y para los amantes del estilo hard-boiled, que lo disfruten.

Capítulo I: Eddie Johnson jr. “Fast Eddie”

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Antes de meternos en harina conviene aclarar que este pájaro nada tiene que ver, salvo en la coincidencia de nombre y apellido, con aquel Eddie Johnson que destacó en los Suns de finales de los ochenta y en los Supersonics de los primeros noventa, antes de casi ganar la Euroliga en 1994 como jugador de Olympiakos. Éste era bueno, en todos los sentidos, y ya en su día se las tuvo con algún periódico que colocó su foto por error al pie de un artículo sobre las tropelías del Eddie malo. Sí tiene parentesco, hermano para más señas, con Frank Johnson, un enjuto base de extraña mecánica de tiro que quizás los más antiguos del lugar recuerden como suplente de Kevin Johnson en los Suns subcampeones de 1993.

Nada en el inicio de la carrera NBA de Eddie Johnson Jr. hacía presagiar que acabaría siendo protagonista de artículos de este tipo, todo lo contrario. La suya parecía ser una de esas historias que tanto gustan al público americano. La de un jugador hecho a si mismo que logra el éxito viniendo desde una posición tan poco aventajada como la tercera ronda del draft de 1977. Los Hawks le seleccionaron tras cumplir un más que decente periplo universitario en la modesta Universidad de Auburn. No tardó en asumir un papel importante en Atlanta, en un equipo sin estrellas relevantes y que había finalizado la temporada anterior con un récord de 31-51. En su tercera campaña como profesional consiguió ser All Star, repitiendo al año siguiente avalado por los que serían los mejores promedios de su carrera: 19.1 puntos, 5.7 asistencias y 1.7 robos de balón.

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A pesar de que los Hawks no consiguieron ser un equipo relevante en el Este, Johnson fue el jugador más destacado del equipo durante la primera mitad de la década de los ochenta, hasta que la llegada de Dominique Wilkins lo relegó a un rol de segundo espada. “Fast Eddie”, como era conocido Johnson en la liga, comenzó a encadenar lesiones y problemas con las drogas a partir de la temporada 82-83. Aunque su rendimiento en pista seguía siendo relativamente bueno, los Hawks decidieron traspasarle a Cleveland ya comenzada la 85-86, su problema con la cocaína era ya incontrolable y las suspensiones por parte de la NBA continuas.

Inició la temporada 86-87 sin equipo, hasta que los Supersonics le ofrecieron un contrato de diez días, firmándole después para el resto de la temporada. Sería la última. Tras saltarse el programa de rehabilitación, la NBA le suspendió de por vida, retirándose del baloncesto profesional con 32 años y un grave problema de adicción a la cocaína. Una brillante carrera deportiva que terminaba prematuramente y de la manera más triste posible.

Lo peor estaba por venir

Johnson volvió a su ciudad natal en Florida, a su barrio. A pesar de lo abrupto del final de su carrera fue recibido con honores de héroe. Ex jugador de la NBA, con fama y dinero. Todo el mundo quería estar cerca de “Eddie”, pero él sólo dejó que se acercaran los que manejaban el polvo blanco.

Al poco tiempo de su vuelta ya no quedaba ni rastro de “Fast Eddie”. La cocaína había tomado el control de sus acciones. Había entrado dos veces en prisión y acumulado, según periódicos locales, más de cien arrestos, con cargos tan variados como: robo, resistencia a la autoridad, tráfico de drogas, falsificación, estafa, y un largo etcétera. Sumido durante años en una espiral de delincuencia y totalmente fuera de control, en 2006 volvió a ser noticia en los periódicos de tirada nacional por un acto tan repugnante que resulta incluso difícil de relatar:

Una tarde de agosto de 2006 una mujer llamó a la policía de Ocala, Florida. Había encontrado a su hija de ocho años agazapada en un rincón de su habitación, llorando y temblando de miedo. La niña le contó a su madre que Eddie Johnson, un conocido de la familia, había entrado en casa aprovechando que en ese momento se encontraba sola y la había violado.

Fue detenido y puesto a disposición judicial. En el momento de su detención tenía pendiente un juicio por un caso de violación a una mujer de 25 años ocurrido semanas atrás. Según el informe policial, Johnson entró en la habitación del hotel donde se hospedaba y la agredió sexualmente.

Aunque negó ambos cargos, en 2008 fue condenado por dos delitos de violación y agresión sexual. El cometido sobre una menor de 12 años le supuso ser sentenciado a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. Pasaría el resto de sus días en la cárcel.

NBAEn la actualidad es un sexagenario que cumple condena en la prisión estatal de Florida. Libre de adicciones, pasa sus días haciendo pesas, leyendo y escribiendo. Reconoce sus problemas con la droga y algunos delitos menores que su adicción le llevo a cometer, pero sigue negando que hiciera daño a aquella pequeña de ocho años y a la mujer de 25 que lo acusó. “Estoy pagando por mis errores. No puedo culpar a nadie más que a mí mismo. Cuando tu vida gira en torno a las drogas todo se convierte en un caos. Pero lo peor es ser tratado como un depredador sexual.” Declaraba en una entrevista concedida hace unos años.

Johnson proviene de una familia acomodada de Florida. Tenía un talento innato para el baloncesto y unas condiciones físicas envidiables, se ganó el apodo de “Fast Eddie” por su velocidad, manejo de balón y capacidad para el dribbling, recurso éste último todavía no muy extendido en la liga por aquellos años. Llegó a compartir vestuario y minutos en pista con algunos de los protagonistas más relevantes de la gloriosa historia de la NBA, como Larry Bird, Julius Erving o Moses Malone. Desgraciadamente, su historia sólo se cuenta en los relatos de Crónica Negra de la NBA.

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